El miedo en ajedrez

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La naturaleza nos ha dado el miedo como una forma de defensa ante un entorno hostil. Hace que nuestra mente lógica se desconecte y los instintos tomen el mando. No parece ser lo ideal en una partida de ajedrez, aunque no es tan malo como parece.

El miedo es la acumulación de la ansiedad, y la ansiedad es la acumulación de duda o de incertidumbre. Ésta última es una pregunta para la que no tenemos respuesta o no tenemos la experiencia para probar que la respuesta que tenemos es correcta.

Algunas preguntas frecuentes que nos vienen a la cabeza cuando tenemos dudas:

  • Si no puedo ganar a los pajaritos ¿cómo puedo tener éxito?
  • ¿Cuándo se acabará este suplicio de torneo?
  • ¿Por qué siempre me pasa lo mismo?
  • ¿Por qué no juego bien cuando me enfrento a rivales de más nivel?
  • ¿Saldrá alguna vez mi potencial?
  • ¿Llegará el dia que no pueda ganar una sola partida?

Creame, hay muchas más. Estas preguntas se mantienen sin espuesta en la mente, mientras que otras se contestan automáticamente con cosas del tipo: «Cometo errores porque soy estúpido«, «nunca seré nadie si no puedo ganar a los malos» o «nunca jugare bien; no soy suficientemente bueno«.

Puede parecer simple reducir el miedo a una pregunta, pero pensemos lógicamente: cuando hay seguridad no hay nada que temer. Por eso la gente que está segura de algo desprende confianza y se aferra a ello, aunque esté equivocada.

Ganas de competir

Aunque el miedo causa un montón de problemas, si se experimenta con baja intensidad puede ser una fuente de energía para competir. Si la intensidad es alta, podemos tener un cuadro de ansiedad, y esto ocurre más veces de las deseadas, incluso en jugadores profesionales.

En ajedrez, como en los deportes o los negocios, la habilidad de progresar bajo presión da una ventaja competitiva. Muchas veces se asocia la ansiedad con fallar y se aprende que es mala, pero los nervios se pueden utilizar para aprender a jugar y competir.

¿Como detectar este miedo? Son típicos los siguientes puntos:

1- Pensar demasiado. Nuestra mente se acelera, da vueltas en círculo y se obsesiona con algo. Esto ocurre porque no se puede encontrar la respuesta. Esto crea confusión y desbarajuste.

2- No creer en tu instinto. Sabes la respuesta correcta, pero sueles hacer lo contrario: no te crees la respuesta que te da tu subconsciente. Esto nos lleva a la pregunta ¿Qué es el instinto? Es, esencialmente, todas las habilidades aprendidas el nivel de competencia insconciente (ver Preparación para un jugador de torneo aficionado). A menudo hemos oido hablar del «sexto sentido», pero la realidad es que solo se esta utilizando las habilidades aprendidas.

3- Cuestionarse. Significa que se tienen dudas sobre la decisión después de tomarla. A menudo se alimenta del deseo de no estar seguro de no perder más o dejar de comenter errores. Pero estar distraido por partidas anteriores hace que sea más probable que vuelva a ocurrir.

4- Pánico escénico. Jugar a ajedrez es una prueba a nuestro conociemiento. Los jugadores con miedo escénico se presionan tanto para decidir correctamente que terminan pensando demasiado, sin confiar en su instinto y cuestionando las decisiones. Esto hace que se juegue peor y es mucho más dificil acceder a todo el conocimiento que se tiene sobre ajedrez.

5- Un futuro negativo. Se crea miedo adicional al anticipar el miedo que tendrás a lo que pueda pasar en el futuro («¿y si pierdo contra este paquete?«). Los jugadores de ajedrez son unos pésimos adivinos. No pueden predecir el futuro: lo que imaginan que va a pasar es un vaticinio, no lo que realmente va a ocurrir. Creer que el pronóstico se convertirá en realidad añade más miedo. En consecuencia, es más normal perder, cometer errores y estar en una mala racha.

Estrategia general para superar el miedo

Como siempre, escribir es un buen ejercicio. Sacar lo que está en la mente permite mirar más objetivamente los detalles del miedo y aclara la mente.

  • Desarrollando el miedo. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Esta es una pregunta común que realizamos los entrenadores cuando nos enfrentamos a un pupilo con miedo. Cuando se ha contestando a esto, podemos plantear más preguntas: «¿Por qué es tan malo?», «¿Qué es lo peor que puede pasar?», «¿Cómo te sentirias?», «¿Cuál sería la solución?»…. Responder a preguntas de este tipo ataca directamente al miedo eliminando los defentos del mismo, encontrando algo productivo que hacer y teniendo mejores pensamientos en general.
  • Rehaciendo las preguntas. Hay que reformular las preguntas sobre el futuro que no se pueden responder abora. Esto son un par de ejemplos:
    • ¿Cuándo va a terminar esta racha de malos resultados? En realidad hay que preguntarse: ¿Qué necesito hacer para para llevar mejor esta mala racha?
    • ¿Podré convertirme en un buen jugador? Es mejor preguntarse ¿Qué es lo que necesito para tener las mejores opciones para convertirme en un buen jugador?

A menudo a los jugadores les es muy difícil no solo reponder a estas y otras preguntas, sino siquiera de hacerse las preguntas a sí mismos. Lo ideal es un tercer personaje en esta ecuación: la figura de un entrenador o un coach que pueda encontrar los puntos adecuados para profundizar en los miedos. En caso de no poder contar con uno, escribir lo más sinceramente posible a lo que nos angustia puede ayudar mucho.

Los miedos más comunes

  • Miedo al fracaso. Puede aparecer si nos creamos grandes expectativas, bloqueos en momentos importantes, tratar de controlar más de lo que se puede, no ver los pequeños exitos o pensar que el éxito es sencillo
  • Miedo al éxito. No es tan común, pero igual de perjudicial. Manejar el protagonismo que viene con el éxito puede ser duro. ser el centro de atención, miedo a las críticas o la subestimación de sus propias capacidades. En el fondo es un problema de confianza.
  • Miedo a equivocarse. Está causado por errores en la forma de aprendizaje. Las equivocaciones son parte importante de este proceso, así que tener miedo a equivocarse es tener miedo a aprender.
  • Miedo a jugar niveles más altos. Para eliminar la presión, sólo se juega cuando se puede sacar el máximo beneficio. No es una buena idea: jugar con rivales inferiores solo lleva a que nuestro ajedrez se estanque.
  • Aversión al riesgo. El ajedrez es un juego de riesgo, pero aun así es un miedo común. Evitando el riesgo creemos que protegemos nuestro juego. Pero se nos «olvida» jugar activo y en muchas ocasiones salimos contentos con unas tablas, o lo que es lo mismo, no perder.

No dudemos en consultar a expertos, entrenadores o coachs para resolver nuestros miedos.

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