Los 5 miedos más grandes de un jugador aficionado

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Es bien sabido que un ajedrecista profesional prepara (o tendría) que preparar también el aspecto psicológico del juego y ser muy fuerte en ese aspecto. Pero no podemos pedir lo mismo a un jugador aficionado, que a duras penas puede entrenar en condiciones el juego pràctico, y mucho menos el mental.

Así pues, no es extraño que éste último se enfrente a una serie de miedos que en mucha ocasiones le atenazan su ajedrez. Puede incluso a llegar a limitar su progresión.

A continuación enumero los que más me he encontrado como entrenador, y algunos consejos para lidiar con ellos.

1.- Perder ELO

Este también pasa en los niveles altos. Le ha sucedido a todo el mundo ¿Por qué? Tenemos la sensación que el elo indica nuestro nivel: «Juego bien porque tengo 2300 de elo». FALSO. El elo solo indica nuestra fuerza en un momento dado, es una fotografía. No es un idicador de nuestra habilidad.

La mente humana necesita racionalizarlo todo para el análisis y siempre tendemos a poner números, pensando que así podemos tener indicadores claros. En realidad, el Elo es todo lo contrario: si tenemos el nivel suficiente, tendremos el elo que hemos de tener.

¿Qué hacer? Aunque suene obvio, hay que jugar sin preocuparse de ello. Básicamente, mantener la concentración hasta el final en lo que ocurre en las 64 casillas y eliminar todo lo externo.

2.- Perder contra un oponente más débil

En parte este tema va ligado al anterior, pero no del todo. Es, probablemente, uno de los mayores miedos: parece el fin del mundo para algunos jugadores. ¿Por qué es así? Hay muchas razones, incluyendo la autoconfianza, el ego, la presión del grupo social (¿qué diran mis compañeros de club si pierdo con este paquete?)

¿Qué hacer? No hay que entrenarse desde el punto de vista ganar/perder, sino desde el educativo. Perder una partida, incluso contra un jugador más débil, se ha de tomar como parte de nuestro aprendizaje: es una oportunidad única para mejorar. Esto nos hace más fuertes.

3.- Perder una posición ganada

A quién no le ha ocurrido, pero cuando pasa se nos abren las puertas del infierno. . Nuestra mente se emociona, pensamos que la partida está en el bolsillo, nos centramos menos en el juego, nos molesta que el rival no abandone….. y perdemos. Eso duele.

¿Qué hacer? De nuevo, mantener la concentración hasta que se firma la planilla. Podemos recitar el siguiente mantra: «Esto no ha terminado hasta que se acaba«, para recordar.

4.- Equivocarse en una partida importante

Jugar una partida decisiva produce estrés: más responsabilidad, el proceso de toma de decisiones se vuelve más difícil y aumenta el miedo a comenter un error. Y, desgraciadamente, si tienes miedo de cometer un error ¡lo acabas cometiendo!

¿Qué hacer? Trabajar la confianza en uno mismo y creer en nuestra capacidad de cálculo. Estar en «forma» es la mejor manera de minimizar errores. En el mini libro «Preparación para un jugador de torneo» (que puedes descargar gratuitamente) abordamos también el tema de las partidas decisivas y como prepararlas.

5.- No mejorar suficientemente rápido

Los jugadores leen libros, miran videos, estudian aperturas, juegan torneos y simplemente no ven que esto se refleje en los resultados. No estan de acuerdo (o eso piensan) con ello: «¿con lo que trabajo ¿cómo es posible?».

¿Qué hacer? Es como ir al gimnasio y mirarte en el espejo tras una sesión de pesas y mirar si ya tienes los músculos como imaginas que quieres tenerlos. Esto no va así: tu masa muscular crece tras muchos entrenamientos. Y, no lo olvidemos, ¡el cerebro es un músculo!

Hay que mentalizarse de que un progreso se ve tras un largo periodo. No veremos una mejora inmediata tras resolver 20 o 30 problemas de táctica, pero si se resuelven estos 20 o 30 puzzles a la semana durante un mes, notarás muchos cambios positivos.

 

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